sábado, 18 de octubre de 2014
Todas mis historias son historias muertas desde el
principio, todo lo que escribo no llega a ninguna parte, nadie escucha las
palabras de este papel, simplemente sirven como un consuelo para mi alma. No
creo que nadie nunca lea esto, ni yo mismo, ni mi yo futuro, pero aquí queda,
para la posteridad. Y es que nada duele mas que una palabra no dicha, las
palabras se te clavan en la garganta, te dan ganas de vomitarlas hasta que las
piensas, hasta que piensas el que dirán, hasta que piensas que puedes perder si
le dices, oye, ¿sabes que?, creo que me gustas, creo que quiero estar a tu lado
hasta que mis músculos marchitos no puedan mover mis huesos, creo que quiero
verte reír todos los días, creo que quiero vivir contigo hasta que mis labios
arrugados no puedan sonreír, creo que quiero ver contigo todos los amaneceres y
anocheceres hasta el día final, creo que quiero acariciarte hasta que mis manos
pierdan la sensibilidad, creo que quiero mirarte hasta que mis ojos, cegados
por la vejez, solo te vean como una mancha, creo, no lo se, que te quiero, pero
no lo diré por miedo a perderte, y es que mi epitafio dirá, “Vivió lentamente,
murió rápidamente, se ahogo entre palabras que nunca dijo”.
16/10/14 2:51 a.m.
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